La desigualdad institucionalizada, la torpeza indolente, el voto rehén y los “piecitos” descalzos

El vicegobernador ha consagrado institucionalmente la nueva generación de funcionarios gildistas a los que no le importan que los retraten, en el apuro por figurar en muchas comunidades, con criaturas que no tienen derecho a la salud, a disfrutar de un ambiente sano, a que se respete su honor o a que se proteja su imagen. En síntesis, funcionarios a los que no les importa nada.

Opinión Por: leonardo fernández acosta 13 de agosto de 2021
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El vicegobernador, Eber Solís, naturalizando la pobreza, el abandono y la violación de los derechos del niño

Hay un proverbio chino que dice, “Una imagen vale más que diez mil palabras”, sin embargo, quienes trabajamos en gráfica entendemos que la interpretación de una imagen a través de las palabras que van más allá de un momento retratado, impacta en las retinas y luego ingresa en el universo de la construcción de las ideas para transformarse en una eternidad instantánea. Una realidad recurrente, una realidad donde no alcanza la imagen ni tampoco "diez mil palabras".

Desde hace varios días, el vicegobernador de la provincia, Wilson Eber Solís, recorre el oeste en representación del gobernador, Gildo Insfrán para contrarrestar la gira que llevan a cabo los dos candidatos opositores, Fernando Carbajal y Gabriela Neme.

Visitando paraje por paraje, pueblo por pueblo y comunidades aborígenes, Solís ha llegado a convertir en rutina, su imagen retratada por propios y extraños, escuchando los mismos pedidos que escuchaba su padrino, el gobernador, hace un cuarto de siglo atrás cuando llegaba al poder.

Un video de aproximadamente dos minutos y medio, grabado por un celular en la comunidad de Pozo de Maza, expone al vicegobernador, parado, indolente, escuchando como uno de los aborígenes le exponía todo el dolor de haber perdido a su padre sin entender cómo y porque había fallecido.

Denunciaba la falta de médicos, la falta de respeto por el cuerpo y la dignidad de las personas por la manera en como restituyeron el cuerpo, la exigencia de una mejor atención sanitaria a las comunidades como así también la necesidad que algún referente acompañe a sus enfermos para ver a que tratamientos son sometidos en los hospitales de la ciudad de Formosa.

Como escenario de fondo, un bosque de vinales, viviendas precarias y una extrema pobreza, la misma o peor pobreza que hace un cuarto de siglo atrás y con las mismas tragedias sin la más mínima humanidad.

Horas después, otra imagen, esta vez una foto oficial, exponía al mismo funcionario en otra comunidad de originarios, pero esta vez la indolencia de recorrer desorientado, miles de historias dramáticas irresueltas por años sin que esto realmente le importara, lo colocaba en el centro de una exhibición obscena de desigualdad.

Eber Wilson Solís, sentado sobre un pozo para acumular agua debido a la falta de redes para el vital suministro, se sacaba una foto con niños aborígenes saludando con las manos, entre los cuales había tres que estaban descalzos pese a las bajas temperaturas de invierno.

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Todos con barbijos que habían sido repartidos para la foto, pero el particular detalle de la dolorosa imagen es que uno de los niños, sentado al lado del vicegobernador, pone uno de sus pies arriba del otro para tener menos frío.

¿Es normal naturalizar la desigualdad de una manera tan torpe? ¿Esta nueva generación de militantes funcionarios, son peores que su propio mentor? Evidentemente lo son. Eber Wilson Solís ha demostrado que no le importa en absoluto la pobreza a la que han sometido a las familias de esos niños, la violación de Derechos Humanos y más precisamente la violación de los derechos del niño.

El vicegobernador ha consagrado institucionalmente la nueva generación de funcionarios gildistas a los que no le importan que los retraten, en el apuro por figurar en muchas comunidades, con criaturas que no tienen derecho a la salud, a disfrutar de un ambiente sano, a que se respete su honor o a que se proteja su imagen. En síntesis, funcionarios a los que no les importa nada.

No solo ha dejado en claro que el violar los derechos del niño, a través de la pobreza a la que someten a toda la comunidad en donde viven, es un problema que no han resuelto y que no tienen pensado resolver, sino que el pasar con dádivas, clientelismo y cooptación de rehenes políticos en épocas pre electorales para tener a un ejército de pobres con la boleta azul en el bolsillo, es el único objetivo.

No les importa si viven o mueren, si tienen o no hambre, si tienen o no abrigo, solo les importa que los voten y que ese voto mantenga su vida de privilegios intacta. ¿Futuro? ¿Cuál futuro?

La torpeza indolente de sacarse una foto insertado solo para la imagen en la pobreza más terrible, siendo parte responsable de esos “pies descalzos” o de esa realidad dolorosa, vuelve institucional la desidia y el abandono del estado.

Eber Solís no es un idiota descuidado, es la representación más acabada del modelo formoseño, la pobreza, el abandono y la violación de los derechos humanos para la mayoría. La riqueza, la opulencia y el buen pasar para la casta a la que pertenece, aunque en cada elección tenga que meterse a recorrer para sacarse fotos, la cultura de la miseria que ellos mismos han creado.

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