5 de marzo: el verdadero rostro del opresor

Locales 06 de marzo de 2022 Por leonardo fernández acosta
Los mismos circuitos de contrabando se volvieron los circuitos de los contagios pero la versión oficial insistía con responsabilizar a  todos, menos a ellos mismos, contradictoriamente en cualquier pandemia el responsable primigenio es el estado. "La culpa es del juez federal, es del senador, es del diputado, es del candidato, ellos dejaron entrar los contagios".
repre II
Entre empujones con los vallados, fueron cerca de seis perdigones de posta de goma, los que provocaron el estallido y el enojo de los manifestantes. Seis perdigones disparados en la cara, en los pechos, en la boca, a una mujer.

Los gastronómicos, comerciantes,  padres y ciudadanos comunes,  realizaron cerca de 20 movilizaciones, durante el trance más duro de la pandemia en la ciudad de Formosa y con reclamos que nunca fueron escuchados. El gobierno lejos de atenderlos y planificar una manera (al igual que otras provincias de la región) incrementó hasta de manera innecesaria el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

Los analistas políticos asumían que no tardarían en llegar los excesos y los abusos por parte del gobierno. No solo dieron un diagnóstico exacto sobre el perfil de un estilo totalitario sino que además no tuvo nada de pudor en dotar de más herramientas a la policía de la provincia y su aparato represivo que al propio sistema de salud, absolutamente vaciado para el inicio de la pandemia.

Ruina económica

De los datos de la propia Municipalidad de Formosa, todos los días se cerraba un comercio, por la sucesivas e interminables Fases 1, el estado preferido del eterno residente del quinto piso, que había transformado la provincia en un presidio.

Primero violaron la Constitución Nacional prohibiendo la libre circulación al generar un ingreso ordenado y administrado que en realidad dejó a todos los formoseños afuera, salvo los amigos del poder. Luego trataron de generar una campaña responsabilizando por los contagios y las muertes a quienes se manifestaban e iban a la justicia en contra de los abusos.

Desde el show montado todos los días desde la mesa del Consejo de Atención Integral a la Emergencia COVID 19, instalaron a través de las usinas de propaganda, que la pandemia ingresaría por la ruta 11 e impusieron una aduana interior sentando un precedente inédito, que atrajo la atención de todo el país.

La desidia del estado nacional y la policía militante de Insfrán no pudieron controlar el paso fronterizo con el Paraguay, ni en la ciudad de Formosa y mucho menos en la ciudad de Clorinda. Hacia el sur clausuraron la circulación de personas pero los contagios entraron por la frontera con el Paraguay donde el paso clandestino, sorteaba fácilmente los controles aduaneros y de fuerzas de seguridad.

Aún con la orden de la Corte Suprema de Justicia de respetar la Constitución Nacional, el gobierno de Insfrán, impuso Centros de Aislamiento Sanitario, con un régimen carcelario controlado por policías.

Relato de victorias

La burla era moneda corriente hacia todo el que no estuviera de acuerdo con los abusos por parte de cualquier vocero de gobierno y lo sigue siendo hasta hoy, desde los discursos del propio Insfrán que considera exitosa una campaña sanitaria que se cobró la vida de más de 1200 formoseños.

A la caza de ciudadanos comunes de un estado absolutamente policial, se sumó la caza de los comerciantes creando una "Gestapo" que clausuraba comercios todos los días por intentar trabajar, mientras gritaban que se fundían.

La desidia del estado nacional y la policía militante de Insfrán no pudieron controlar el paso fronterizo con el Paraguay, ni en la ciudad de Formosa y mucho menos en la ciudad de Clorinda. Hacia el sur clausuraron la circulación de personas pero los contagios entraron por la frontera con el Paraguay donde el paso clandestino, sorteaba fácilmente los controles aduaneros y de fuerzas de seguridad.

Maniobra desatinada

Ante la propia ineficacia y la falta de recursos, Insfrán siempre apeló a violar derechos y bloqueó durante 200 días la ciudad de Clorinda, sin que sus ciudadanos pudieran viajar a ningún lugar e inclusive imponiéndoles el aislamiento dentro del encierro.

El coronavirus hizo estragos en Clorinda pero no fue la única enfermedad que causó muertes, ya que por falta de atención médica, pacientes oncológicos, cardíacos, diabéticos entre otros, eran abiertamente discriminados en centros de atención de la ciudad de Formosa y no tenían la atención que necesitaban en su propia ciudad.

Mientras Insfrán le ponía candado a la Constitución Nacional hacia el sur, por el oeste, la circulación de comunidades aborígenes hacia Chaco o hacia Salta, se convirtieron más tarde que temprano en otra de las corrientes de contagio comunitario dentro de la provincia.

El otro, es el culpable

Los mismos circuitos de contrabando se volvieron los circuitos de los contagios pero la versión oficial insistía con responsabilizar a  todos, menos a ellos mismos, contradictoriamente en cualquier pandemia el responsable primigenio es el estado. "La culpa es del juez federal, es del senador, es del diputado, es del candidato, ellos dejaron entrar los contagios".

Con los abusos en las libertades con la provincia sitiada, no tardaron en llegar los abusos en los Centros de Aislamiento a manos de la policía y de militantes del gobierno disfrazados de enfermeros.

La pandemia no fue la única razón de las muertes en la provincia y esto se vio claramente reflejado en un estudio realizado por la Universidad Nacional del Nordeste que comprobó que Formosa tenía mayor tasa de letalidad que la provincia de Corrientes con un pequeño detalle: en esa provincia no violaron los derechos humanos ni encerraron gente ilegalmente. Una estrategia respetaba a las personas, la otra no pero lo grave es que tampoco conseguía mejores resultados.

Los privilegios de la política

Al enojo de la gente que venía en vertiginoso crecimiento se sumó, cuando llegaron las vacunas, los vacunatorios VIP, donde funcionarios, jueces, hijos de funcionarios y hasta el propio gobernador se aplicaron las vacunas antes que los grupos de riesgo que ellos mismos habían formado. Fue así que nadie vio la foto del gobernador dando el ejemplo al vacunarse. No había ejemplo que dar.

Luego llegaron las fiestas clandestinas donde intendentes, hijos, funcionarios y afines, se reunían como y cuando querían sin tener una ejercito de policías en la puerta.

Después, cuando los contagios llegaron por la desidia en oficinas del propio edificio de la casa de gobierno, llegó el ocultamiento, las prerrogativas para la cuarentena domiciliaria y la manipulación de los permisos de circulación.

"Gildo sos el virus"

El 5 de marzo del 2021 los ciudadanos de Formosa dijeron basta en una de tantas marchas, con bombos, silbatos, cornetas que fueron a la casa de gobierno. Querían gritarle a Insfrán que los dejaran trabajar, que dejaran ir sus hijos a la escuela, cuando en todo el país había clases semipresenciales, que dejaran entrar a los varados o que la policía dejara de espiarlos en todas las calles de la ciudad.

Entre empujones con los vallados, fueron cerca de seis perdigones de posta de goma, los que provocaron el estallido y el enojo de los manifestantes. Seis perdigones disparados en la cara, en los pechos, en la boca, a una mujer.

La manifestación se transformó en una batalla y aunque quienes arrojaban piedras eran perfectamente distinguibles la policía de la provincia, por orden de Insfrán, vació el stock de postas de goma, granadas de gas contra todos los ciudadanos sin discriminar. Las granadas que arrojaron habían vencido en el año 1995.

 

Garrote, garrote

Nunca en cerca de 40 años de la vuelta a la democracia, se había visto tal salvajismo. Inclusive en las detenciones, no solo eran patadas y golpes sino que aquellos a los que habían sometido, los pisaban con los borceguíes en los testículos.

Los reclamos siguieron en varias partes de la ciudad porque detuvieron a más de 100 personas, entre ellos menores, periodistas, por  cualquier decisión discrecional de los comisarios cebados dentro de la refriega. Pero la orden era aplastar la protesta. Esto no podía ocurrir en la tierra del feudal. El orden debía recuperarse a como dé lugar.

El acoso del resto de los ciudadanos que seguían protestando en la ciudad, se realizó de manera sistemática, hasta que los encerraron no solo a los que seguían protestando sino a los que caminaban por la calle en ese momento.

Con todos los organismos de DDHH. haciendo la vista gorda, los del gobierno provincial y la regional nacional en Formosa, el país vio como la autocracia del séptuple gobernador de Formosa se mostraba en su versión más pura, con perdigones de goma y garrotes.

El gobierno de Alberto Fernández, ya había sido cómplice de las violaciones a los DDHH. en los centros de aislamiento negando lo ocurrido, aún con las denuncias en la Corte Interamericana por legisladores nacionales, Amnistía Internacional y Human Rigth Watch. Cuando la represión del 5 de marzo, Fernández, volvió a darle la espalda a la gente con la evidente violencia institucional. "Gildo es un amigo".

Viernes trágico

A partir de entrada la tarde de ese viernes negro, todas las comisarías de la ciudad eran recorridas por padres buscando sus hijos, cuyo paradero o detención era negado por la policía. Una de las juezas de la provincia, mientras esto ocurría negó que hubiera detenidos, exponiendo las detenciones ilegales de los uniformados.

Se sucedieron las denuncias por apremios ilegales, donde jóvenes eran maniatados, golpeados o torturados por Comisarios. Hasta el día de hoy no se investigó ninguna de las denuncias y de cerca de 110 imputados por delitos armados por la policía de la provincia, solo 5 de ellos siguen vinculados a diferentes causas por ese día. De hecho, varios de los comisarios fueron premiados con ascensos y puestos al frente de varias comisarías de toda la provincia.

"Acá no ha pasado nada" es la premisa  y en los últimos meses hubo una fuerte campaña para mejorar la mala imagen de la policía cometiendo abusos en pandemia y con el corolario de la brutal represión.

A un año de uno de los días más oscuros desde la dictadura, Insfrán intenta consagrar la impunidad propia y de cómplices, con una justicia sumisa y apelando al silencio del olvido.

El 5 de marzo será recordado por generaciones, como el día que ciudadanos comunes fueron reprimidos por pedir trabajar, llevar sus hijos a la escuela o circular libremente. Por expresa orden del séptuple gobernador Gildo Insfrán, mostrando su verdadero rostro, la de un autócrata, que no se diferencia mucho, con aquellos que están poniendo al mundo en peligro.

leonardo fernández acosta

Licenciado en Comunicación Social UNLP

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